Visita al mercado local de Asilah, Marruecos

Marruecos es un país pobre, por desgracia considerado tercer mundista por muchos, donde el comercio y la artesanía van de la mano, convirtiéndose en su principal fuente de ingresos junto al turismo. Por ejemplo en el desierto de Erg Chebbi cerca de Merzouga casi todo el mundo vive de los extranjeros que visitamos el país y en Asilah del comercio.

La idiosincrasia marroquí

Marruecos atrae al turista occidental en busca de una experiencia diferente, exótica, huyendo de la cotidianeidad de su lugar habitual. Atrae también al turista que disfruta comprando (barato) y regateando.

Y es que la relación calidad-precio de los productos marroquís no tiene nada que ver con la de los españoles: productos hechos a mano, únicos, y a precios casi irrisorios para un europeo con sueldo medio.

Aparcamiento de burras. Mercado Asilah
Aparcamiento burras mercado Asilah

Los marroquís son comerciantes por naturaleza y por tradición; al igual que el resto de pueblos árabes. Llevan el arte de la negociación en la sangre. Saben cómo vender y saben cómo hacerte sentir que has salido ganando, al tiempo que se frotan las manos por haber sacado al turista más dinero del esperado.

Las dos partes salen victoriosas y todos los elementos implicados llevan una pequeña comisión. El turista busca un restaurante, un lugareño advierte que está perdido y lo asalta ofreciéndose como guía al mejor restaurante del pueblo.

El dueño del restaurante gana clientes, el guía se lleva una comisión por llevarlos y los clientes comen comida típica sin hacer mucho esfuerzo en buscar. Todas las partes ganan. Esta es su filosofía de vida.

Es curioso ver el gran parecido que tiene el norte de Marruecos con la España de la posguerra y de Franco. Aquí no me refiero solamente a la arquitectura de sus edificios, sino también al carácter de sus gentes (mirones, desconfiados y exageradamente trabajadores) y sus formas de vida.

El mercado local de Asilah

De camino a un mercado local a unos 15km de Asilah, localidad al noroeste de Marruecos, me invade la sensación de haber retrocedido varias décadas en el tiempo. Me resulta inevitable no pensar en las historias que me contaba mi madre de cuando ella era una cría y mi abuela tenía que sacar adelante a 4 hijos ella sola, sin más apoyo que el de un hermano sordomudo.

Ellos vivían en una pequeña aldea y la “ciudad” más cercana estaba a 30km de distancia. Mi abuela una vez cada dos o tres meses andaba esta distancia, durante más de 6 horas, para vender los huevos y las gallinas que llevaba criando durante meses.

Por eso, durante el trayecto en taxi desde Asilah, mi mente viajaba en el recuerdo al divisar a los marroquís andando en grupo o montados en burra de camino al mercado.

Mercado de Asilah
Mujer en burra camino mercado Asilah

El paisaje iba cambiando a medida que nos acercábamos más al pueblo donde se montaba el mercado cada domingo. El ajetreo de la medina y las llamadas de atención de los comerciantes de Asilah, daban paso a la tranquilidad de un océano Atlántico casi calmo.

Es el mismo océano que baña mi querida Galicia, sin embargo ¡qué diferente se ve y se siente desde Asilah! Estas mismas aguas que cada año se llevan consigo a algún pescador, percebeiro, surfista o bañista despistado, se desquita de su bravura al llegar a África.

A medida que nos alejábamos de la ciudad, el paisaje que se nos presentaba era un terreno montañoso, con diferentes tonalidades de verde y marrón. En sus montañas, no muy altas ellas, se vislumbraban postes de luz y energía.

Se producía en este momento un choque entre tradición y modernidad. Mientras que los postes de la energía simbolizaban el progreso, por el camino los moto-camiones y las burras se convertían en el medio de transporte más habitual.

Mar y montaña en Asilah
Mar y montaña en Asilah

Mohamed, nuestro taxista, quien se enorgullecía de había vivido en casi todos los países árabes y también en Barcelona durante unos años, hacía más ameno el viaje con sus historias acontecidas en países exóticos y bien lejanos tanto en distancia como en cultura al mío propio.

Así, con estas interesantísimas historias, llegamos a una explanada gigante de tierra con gente yendo y viniendo. ¡Habíamos llegado al mercado!

Aparcamos el taxi en la zona reservada para coches y furgonetas y comenzamos la visita guiada por la zona de productos del hogar.

A medida que avanzábamos por los diferentes puestos, nuestro taxista-guía nos explicaba la organización del mercado. “Ahora estamos en la zona de los zapatos”, y a nuestro lado aparecían montones de zapatos usados, unos casi nuevos y otros no tanto, todos apiñados y revueltos entre sí. Ropa, lencería fina, ropa de casa…, cualquier producto que te puedas imaginar, se vendía en este mercado.

Puestos de ropa en mercado Asilah
Puestos de ropa en mercado Asilah

De los puestos más relacionados con el hogar y la higiene personal, pasamos a los puestos que vendían especias, vegetales y accesorios de cocina. Y fue por esta zona cuando empezamos a notar un olor superbueno a sardinas asadas.

Comiendo en el Mercado

Mohamed nos preguntó si queríamos comer aquí y después de dudar un poco a causa de las escasas condiciones higiénicas, decidimos sentarnos con él. La mesa estaba llena de espinas y entrañas de sardina, al igual que algunas sillas.

Entonces Mohamed mandó a un niño que trabajaba allí limpiarnos la mesa, después de criticarnos que la gente del campo no sabe trabajar, que no es normal tener las mesas tan sucias. En el “restaurante” del mercado, nos tomamos una ración de sardinas con pan y nos tomamos un té.

>> una ración de sardinas (4 sardinas por cabeza) + 3 tés + 2 bollas de pan = 20mad (1,82€).

Nada más levantarnos, en el puesto de enfrente a las sardinas, los aldeanos podían elegir una gallina de las allí expuestas y, al momento, ya tenían en su haber la gallina escogida, muerta y desangrada. Lo mismo pasaba con el cordero o la vaca. El cliente elegía y el carnicero lo mataba allí mismo.

Pero, sin duda, el puesto que más nos llamó la atención, fue el de productos cosméticos. Nuestro taxista nos comentó que tenía un problema en la próstata y como no tenía dinero para ir al médico, quería comprar un remedio natural que fuese bueno para su molestia.

Éste tenía una tienda grande en la ciudad de Larache, pero se dedicaba a ir de mercado local en mercado local, ofreciendo a la gente que no podía desplazarse, sus potajes milagrosos.

Entre sus productos destacaban un remedio para incrementar la potencia sexual y otro para alargar el pene. Este último, fue ofrecido a mi compañero entre risas y bromas.

Tienda cosméticos mercado Asilah
Tienda cosméticos mercado Asilah.

Ya para acabar la jornada, Mohamed nos dirigió hacia un sitio que nos resultó muy curioso. ¡Un aparcamiento de burras! Como éste es el medio de transporte más habitual para la gente que trabaja en la tierra y con animales, los mercados ofrecen un lugar exclusivo para su aparcamiento. 🙂

Después de un par de horas dando vueltas por el mercado, cogimos el taxi de nuevo y regresamos a Asilah a comernos una pastella de pollo y a descansar en nuestro hotel hasta el día siguiente.

Dormir en Asilah

Cuando visité Asilah no necesité de alojamiento ya que yo tenía mi propio alojamiento concertado desde España. Pero si no es tu caso y debes buscar uno te dejamos un listado de alojamientos en Asilah.

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